Santísimo Cristo de la Púrpura

Santísimo Cristo de la purpura

La imagen del Cristo de la Púrpura es obra de NHD José Antonio Navarro Arteaga en 2016. Realizada en madera de cedro policromada, responde al modelo iconográfico de Jesús recogiendo las vestiduras tras las flagelación, de una clara y honda inspiración neobarroca, en su configuración formal y estética.

El Santísimo Cristo se nos presenta arrodillado sólo de una de sus piernas, la derecha, mientras el pie izquierdo se apoya firmemente junto a la columna, a la que se abraza, como simbólicamente lo hace en otras representaciones a la Cruz, en clara alusión a la aceptación de su sacrificio redentor. Con su mano derecha recoge la túnica púrpura, históricamente asociada a la realeza y al alto clero. Un cordón de hilo de plata rodea el cuello, dirigiéndose a la columna y a la mano que en ella se apoya.

El rostro del Señor combina por un lado el dramatismo propio del dolor causado por el castigo al que se ha visto sometido, junto a la fuerte espiritualidad que despierta. Melena rizada que se desparrama por la espalda con barba bífida. Su desnudez es cubierta por un amplio sudario, estofado, permitiendo verse la cadera derecha del Señor.

 

HISTORIA DE LA ADVOCACIÓN

La imagen del Santísimo Cristo de la Púrpura era un devoto simulacro procesional que mostraba al Redentor en el suelo, recogiendo sus vestiduras después del azotamiento. La referida efigie, antiguo cotitular de la Hermandad junto con el Señor Atado a la Columna y la Virgen de la Victoria, dejó de procesionar en la segunda mitad del Ochocientos, desconociéndose lamentablemente su actual paradero.

La talla es citada por primera vez en 1664, cuando la cofradía tenía por sede la parroquia de San Pedro Apóstol (1628 - 1674), con motivo del encargo realizado mediante escritura de contrato, fechada el 3 de julio de 1664, de una urna y paso para el Santísimo Cristo de la Púrpura a los maestros Pedro de Borja y Pedro Camacho, escultor y ensamblador, respectivamente.

El citado simulacro procesionaba cada Semana Santa en un paso en el que se figuraba "Ntro. Sr. Jesucristo en el acto de cojer [sic] la túnica para cubrirse, después de los azotes mostrándose a su lado la columna". Dicha escultura, posiblemente debido a su precario estado de conservación, fue retirada del culto, recorriendo por última vez las calles de la capital hispalense en la Semana Mayor de 1874, año en que la cofradÍa residía en la iglesia conventual de Ntra. Sra. de Consolación (vulgo los Terceros).

Es a partir de 1904 cuando se pierde el rastro de la efigie, cuatro años después de que la misma hubiese sido entregada al escultor y cofrade de Las Cigarreras Emilio Pizarro y Cruz, discípulo tardorromántico del escultor, profesor y académico Juan de Astorga Cuberoll (1779 - 1849), con la condición que aquel tallase un San Juan Evangelista para el altar del Quinario.

Es posible que la efigie fuese cedida a otra cofradía, tras haber sido restaurada o transformada en otro misterio de la Pasión, tal vez -como ha supuesto López Bernal- en un Cristo de las Caídas, intervención que haría compleja su identificación.

 

Fragmento del articulo publicado en el Boletín "Columna y Azotes" nº 44,
escrito por D José Cesáreo López Plasencia, Historiador del Arte.

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