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HERMANDAD DE LAS CIGARRERAS

Nuestro Padre Jesús Atado a la Columna

 

Santisimo Cristo Atado a la Columna

“La imagen de Jesucristo representada en el Sagrado Misterio de la Flagelación nos recuerda a Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios que se hizo hombre, que se asoció al dolor de los hombres, solidarizándose con los que sufren moral y físicamente, para redimirnos de toda situación de muerte y llevarnos a una nueva vida. Los hermanos de la Hermandad y Cofradía deben ver en este Misterio Sagrado, lo que con Jesucristo y por Jesucristo quieran ser para otros hombres”.(Regla 7). 

 La talla de Nuestro Padre Jesús Atado a la Columna es obra de Francisco Buiza, quien la realizó en el año 1974. La imagen fue restaurada entre noviembre de 2005 y febrero de 2006 por Enrique Gutiérrez Carrasquilla. Esta talla representa al Divino Redentor en el Misterio de su Sagrada Flagelación, al que rinde culto la Hermandad.

La imagen del Señor aparece junto a la columna, a la que está atado mediante una cuerda a una argolla situada en la parte superior de ésta. El Señor se sitúa a la derecha de la columna con el cuerpo inclinado sobre la columna, que contrasta con el giro de la cabeza hacia el lado contrario. La posición de las piernas es abierta, con el pie izquierdo adelantado, mientras que permanece retrasado el pie derecho del que levanta ligeramente el talón.  La cabeza tiene una abundante cabellera que cae a los lados de la cara y sobre los hombros y presenta una barba bífida. Destaca la enorme expresividad de las manos, juntas y sobre la columna, en la que se aprecia la crispación y el dolor por los azotes que está recibiendo. El cuerpo apenas se cubre con paño de pureza en la cintura, atado mediante un nudo de una gruesa soga en la cadera derecha, que aparece descubierta.

Este Misterio de la Pasión de Nuestro Señor es descrito por los Evangelios de Mateos, Marcos y Juan:

Mt, 27, 26:"Entonces, Pilato puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado".

Mc 15, 15:"Pilato, para contentar a la multitud, les puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado".

Jn 19, 1:"Pilato mandó entonces azotar a Jesús".

Nuestro Señor sufrió, por orden del gobernador romano de Judea, Poncio Pilatos, uno de los tormentos más atroces que entonces podía soportar un reo. La Sagrada Flagelación de Nuestro Señor Jesucristo se llevó a cabo de acuerdo con los usos romanos que, a diferencia de la flagelación judía, no tenía límite en el número de golpes. Para recibir tal tortura, fue atado a la columna que a tal fin existía en el Pretorio del Palacio del gobernador. La columna era de medio fuste de forma que el reo quedaba en posición más indefensa aún, si cabe, aumentando así su sufrimiento.

Eran seis los encargados de aplicar el castigo, turnándose éstos de dos en dos. Los verdugos utilizaron con Jesús el denominado “flagellum taxillatum”, que consistía en una empuñadura de madera con unas tiras o correas de cuero a cuyos extremos se fijaban pequeñas esquirlas de huesos o bolas metálicas aristadas, lo que producía además el desagarro de la piel y masa muscular. Jesucristo recibió más de ciento veinte golpes en la espalada, tórax y abdomen, lo que le provocó gravísimas heridas tanto externas, como internas, hasta el punto que, de no haber mediado la crucifixión, tales lesiones hubiesen provocado su muerte.

La imagen del Señor en su paso procesional está acompañada por el grupo escultórico que tallara José Antonio Navarro Arteaga en 2003, junto con un soldado de este mismo imaginero que realizó en 1996, sustituyendo a los sayones y soldado romano obra de Francisco Buiza.

 

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