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HERMANDAD DE LAS CIGARRERAS

Cristo de Amaro Vázquez

 

cristo-amaro-vazquezLa imagen de Cristo atado a la Columna cuya autoría se debe a Amaro Vázquez fue documentada por Celestino López Martínez en la revista Calvario, como obra ejecutada por dicho autor en 1602. Se trata de una escultura que ha tenido una gran relevancia en la historia de la hermandad por cuanto ha sido su titular cristífera durante trescientos veinte años, es decir, un 73% de todo el lapso temporal histórico de existencia de la Hermandad y es actualmente la pieza de su patrimonio con más antigüedad –más de cuatrocientos- de las conservadas, procedente de su primera etapa de vida. Este hecho le otorga una alta valoración histórica, al margen de la que se le pueda atribuir artísticamente.

No conocemos por falta de publicación, la escritura pública mediante la cual la hermandad encomendó los trabajos a Amaro Vázquez, al menos López Martínez en su artículo antes aludido no la recoge ni su referencia archivística, pero es posible que la estudiase dada la familiaridad del investigador con los protocolos notariales.

 

Períodos al culto

En 1602, cuatro años después de la ruptura de la unión suscrita entre las hermandades de la Columna y Azotes con la de la Antigua establecida de común acuerdo en 1589, se encuentra a la corporación contratando la hechura de una nueva imagen de Cristo atado a la Columna con el maestro escultor Amaro Vázquez, probablemente establecida en el colegio mínimo de San Francisco de Paula. Desde ese momento hasta 1892 sería su titular de forma ininterrumpida. Este período de 290 años junto al de 1892 a 1939 lo convierten en la imagen titular más venerada en el tiempo en la corporación, ya que lo fue durante más de 325 años.

Los períodos en los que no se rindió culto a la imagen fueron dos. Uno primero, que comienza en 1892, cuando la hermandad solicita a la autoridad eclesiástica la cesión de la imagen de Cristo atado a la Columna procedente del Convento del Pópulo (hoy en la Parroquia de Santiago de Hinojos, Huelva) para darle culto, concediéndose en depósito por el Arzobispo de Sevilla el 7 de marzo de aquél año. Este primer período se cierra en 1916, cuando la hermandad encarga, siendo el Canónigo Francisco Muñoz y Pabón Teniente de Hermano Mayor Honorario, una nueva imagen al escultor Joaquín Bilbao, que es bendecida el 16 de abril de 1916, bajo el título de “Nuestro Padre Jesús del Dolor”.

La hermandad decide sustituir la nueva escultura de Joaquín Bilbao a fines del a década de 1930, por lo que en 1939, liderados por Jerónimo Gil Álvarez, un grupo de hermanos y devotos intenta la recuperación de la imagen que estaba en Hinojos, pero chocan con variados impedimentos. En dicho contexto tan desfavorable se vuelve a retomar la idea de recuperar de titular en 1938 al Cristo de Amaro Vázquez de 1602, que había quedado presidiendo la Capilla propia de la hermandad en la iglesia de Los Terceros desde 1904, -año del traslado a la capilla de la Real Fábrica de Tabacos-, y que gracias a la iniciativa de Gil Álvarez es recuperado en 1940. De esta forma la imagen vuelve a quedar expuesta al culto público de nuevo hasta el año 1973, fecha en la que es retirada de nuevo, conservándose con un pequeño dosel en la sacristía de la actual sede canónica de la hermandad.

 

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Llama la atención de que entre la documentación que acredita que el antiguo Cristo de la Púrpura fue entregado al escultor Emilio Pizarro junto con un Cristo atado a la Columna; y es llamativo porque el decreto de autorización arzobispal que lleva fecha de 7 de julio de 1900 solo autoriza a ceder el Cristo de la Púrpura “mi Señor, se ha servido autorizarle para que pueda ceder la Sagrada Imagen de Nuestro Señor Jesucristo con el título de la Púrpura a la Hermandad que la solicita para darle culto, recibiendo de la misma una limosna para ayudar a costear otra de San Juan Evangelista de que carece y necesita para el Quinario que celebra todos los años”.

En Cabildo General de 21 de junio de 1903, se pregunta por algunos hermanos por el estado en que se encontraba la escultura de un San Juan encomendada al escultor Pizarro y Cruz, explicándose por un representante de la Junta de Gobierno la situación de la imagen, “y después de ligera discusión se nombra una comisión para que visiten a dicho Señor y recojan un documento en que se haga constar la propiedad de dicha escultura por no constar mas documento que la orden del Excmo”.

El 27 de junio de 1904 el mayordomo de la hermandad se dirige por escrito a Pizarro y Cruz diciéndole que al hacer inventario para hacer entrega al mayordomo entrante de los bienes de la cofradía, había comprobado que tenía en su poder las imágenes del Cristo Atado a la Columna y del de la Púrpura, sin haberse entregado todavía a cambio la imagen de San Juan que se comprometió hacer, suplicándole que manifestase oficialmente lo que procediese en ese asunto a la mayor brevedad. La respuesta de Pizarro se obtiene el 24 de agosto de 1904:

“EMILIO PIZARRO Y CRUZ. ESCULTOR. SEVILLA. = En contestación al atento oficio de V.S. de 27 de junio último, tengo el honor de manifestarle, que efectivamente tengo en mi poder las efigies del Sr. de la Púrpura y Atado a la Columna, para hacer a cambio de estas un San Juan Evangelista de madera para vestir, el cual se encuentra en construcción y concluiré a la mayor brevedad que me sea posible. = Dios guarde a V. muchos años. = Sevilla, 24 de agosto de 1904. = Emilio Pizarro y Cruz (firma y rúbrica). = Señor Teniente de Hermano Mayor de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Atado a la Columna”.

Pero el San Juan no llegó a entregarlo y consiguientemente debió haber devuelto la imagen del Cristo atado a la Columna, no así el Cristo de la Púrpura que nunca volvió a la Hermandad.

 

Historia material

El Cristo atado a la Columna de Amaro Vázquez ha sufrido un gran número de intervenciones desde su ejecución, por lo que su historia material es tan amplia como su vigencia en el culto. Desde que se tiene documentación en la propia Hermandad, se obtiene información sobre las siguientes actuaciones:

-Año 1772. Consta que fue reencarnada por Vicente Alanís, y cómo recoge el Prof. Roda Peña, le desaparecieron sus primitivas veladuras.

-Año 1829. Se le sustituye su cabellera tallada por otra de pelo natural.

-Fines del Siglo XIX. Se retalla la cabellera.

-Año 1940. Coincidiendo con su reposición al culto como imagen titular sufre una profunda intervención, que le imprime su actual fisonomía.

La imagen, de principios del XVII, presenta todavía características del periodo manierista, a pesar de que en la ciudad se encuentren ya personajes de la talla de Juan Martínez Montañés. Tal y como explica José Roda Peña, dicha aseveración “lo demuestra el que su Cristo atado a la Columna siga muy de cerca, formal e iconográficamente, a la escultura que del mismo tema se conserva en la capilla sevillana del Museo, obra atribuida a Jerónimo Hernández”.

El Cristo se sitúa a la derecha de la columna, de manera erguida. Mientras el brazo derecho se dobla para colocarse sobre la columna, el izquierdo cae recto por la parte trasera de la columna. De la misma manera, podemos observar como el peso del cuerpo queda sobre la pierna izquierda de la imagen. Si atendemos al sudario, nos encontramos con una pieza de pequeño tamaño, sin apenas pliegues y una sencilla moña en el lado derecho de la figura.

 

(Artículo Publicado en el Boletín "Columna y Azotes" nº 52, escrito por NHD José Manuel López Bernal y NHD Francisco de Borja Monclova Suárez)

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