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HERMANDAD DE LAS CIGARRERAS

Cristo de Joaquín Bilbao

 

Cristo-del-Dolor J BilbaoEl nombramiento, en Cabildo General celebrado el 1 de febrero de 1915, del Canónigo lectoral D. Juan Francisco Muñoz y Pabón como Teniente de Hermano Mayor Honorario de nuestra Hermandad, va a propiciar la idea de que ésta tenga imagen propia en sustitución de la que actualmente tenía en depósito. Así, el día 9 de abril de 1916, Domingo de Pasión, se bendice la nueva imagen con el título de Nuestro Padre Jesús del Dolor, obra del laureado escultor sevillano Joaquín Bilbao Martínez (1864-1934). En las cuentas correspondientes a ese año aparece, en uno de sus apuntes, el importe de 9.000 pesetas en concepto de la nueva imagen.

Recibió culto en dos periodos, uno que comprende desde 1916 hasta 1939, acompañado por los azotadores en el misterio, y un segundo en el que sólo realizó la Estación de Penitencia en el año 1973, en esta ocasión exento.

A pesar de las excelentes críticas que tuvo desde el principio, al parecer, su excesiva monumentalidad, especialmente en comparación con los sayones dieciochescos, produjo rechazo “ya que la imagen que actualmente posee la Hermandad no inspira a su paso por las calles la debida devoción”. Ya en 1926, un grupo de hermanos da a conocer la disposición de D. Antonio Castillo Lastrucci para hacer una nueva imagen Titular. Un año después, uno de los asistentes al cabildo celebrado el 3 de julio propone la conveniencia de realizar las gestiones necesarias para recuperar la imagen que se tuvo en depósito y que en ese momento se encontraba en Hinojos. No llega a término su restitución a la Hermandad debido a diversas dificultades, como tampoco el proyecto del imaginero Castillo Lastrucci realizado en 1939, porque se restaura la antigua imagen que fue Titular desde 1602 a 1891, obra de Amaro Vázquez, y que se encontraba en la capilla propiedad de la Hermandad en el convento de los Padres Terceros. Se restituye al culto hasta el año 1973 en el que la imagen de Joaquín Bilbao recorre por última vez las calles de Sevilla. En septiembre de ese mismo año la Hermandad recibe la aprobación del Cardenal Arzobispo para ejecutar el proyecto de un nuevo misterio, obra de Francisco Buiza Fernández.

La imagen de Nuestro Padre Jesús del Dolor está ejecutada en madera de pino de Flandes y policromada. Mide 1,87 m de alto y 0,64 m de ancho (0,91 m si incluimos la columna). Tanto la fecha de su ejecución como la firma de su autor aparecen en la peana, junto con su advocación “N.P. JHS DEL DOLOR”.

Cristo aparece flagelado, atado a la argolla de una columna de color pardo veteado en amarillo y con basa sobre plinto, con las manos cruzadas detrás de la espalda y ataviado con túnica en rojo cardenalicio y dorado que, atada a la derecha y arrancada, descansa sobre la columna y deja ver sus piernas. La cuerda que ata las manos, trenzada y con nudos, rodea la columna dejando caer un cabo a lo largo de la misma.

Tal como señala Álvarez Casado, “no se inspira en modelos del XVII Sevillano sino que va más allá y evoca concepciones miguelangelescas”. Podemos ir todavía más allá, Kenneth Clark encuentra este modelo de figura con una pierna avanzada y doblada, en este caso la izquierda, y la otra formando una línea con la espalda creando una diagonal, que denomina heroica, en la escultura de la Grecia Clásica y Helenística. Vuelve a florecer en el Renacimiento, encontrando dicho modelo en obras de Pollaiolo o Rafael, prolongándose su uso en el Barroco, por ejemplo, en obras de Rubens, por citar algunos autores emblemáticos. También durante el periodo Neoclásico se aplica el modelo a obras escultóricas de temática mitológica de Álvarez Cubero y Thorvaldsen.

En este punto, hay que reproducir las palabras de Muñoz y Pabón escritas en el diario El Correo de Andalucía, con fecha sábado 8 de abril de 1916, en su portada: (…) Porque si de hombros para abajo es un fragmento de escultura griega, nervudo y musculoso como un discóbolo y dibujado y “hecho” hasta lo infinito, con el cuidadoso desnudo del arcontado de Pericles, de hombros para arriba, la testa que dirían los italianos, es de una cristiandad, de un misticismo y de un sevillanismo, real y verdaderamente portentosos (…).

Su realismo y precisión, manifiesta en su vigorosa musculatura y la representación ósea, nos muestran el dominio de la anatomía humana de Joaquín Bilbao. Este modelo escultórico, de máxima tensión y energía, unido a su rostro, un poco erguido y con la mirada baja, y sumado a su monumentalidad, nos ofrece, quizá, una de las obras más dramáticas de la imaginería sevillana.

Pedro José Guillén Labalsa

 


 

Bibliografía:

ÁLVAREZ CASADO, M. (1998): “El Cristo del Dolor, de Joaquín Bilbao”. Boletín Columna y Azotes, nº 26, febrero. Sevilla.

CLARK, K. (1981): El desnudo. Un estudio de la forma ideal. Alianza Editorial, S.A. Madrid.

GÓMEZ MORIANA, M. (2010): El escultor sevillano Joaquín Bilbao Martínez (1864-1934). Colección de Arte Hispalense, nº 88. Diputación de Sevilla. Área de Cultura e Identidad. Servicio de Archivo y Publicaciones.

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